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Instalar y mantener una piscina es una inversión importante. Aparte
del gasto de construcción se tienen que tener en cuenta otros
factores como la ocupación de un espacio considerable, el gasto
anual en mantenimiento, el consumo de electricidad para el filtrado
y tratamientos y el trabajo necesario para mantenerla limpia y
saludable.
La situación ideal es prolongar su uso al máximo pero para ello es
necesario tener una temperatura del agua agradable, que dependerá
tanto del clima de la zona como de la situación de la piscina. La
temporada útil no suele ser de más de tres o cuatro meses,
generalmente en verano, no obstante, usando calefactores se puede
disponer de la piscina casi todo el año.
El agua de la piscina puede ser calentada por medio de calentadores
eléctricos o bombas de calor.
Los calentadores eléctricos son muy económicos y fáciles de instalar
y se usan generalmente con piscinas de pequeño volumen. Un
calentador eléctrico es especialmente económico cuando se usa con
tarifa nocturna de electricidad, por lo que pueden ser instalados
con temporizador programable para que se pueda aprovechar al máximo
dicho periodo.
Las bombas de calor para piscinas son aparatos más complejos y mucho
más eficientes. Al contrario que el calentador usan cantidades muy
pequeñas de energía para calentar la piscina y es por este motivo
que se utilizan principalmente para piscinas medianas o grandes o en
aquellos supuestos en que la piscina está expuesta a ambientes de
temperatura sensiblemente inferior. Comúnmente una bomba de calor
gasta una unidad de energía para producir 4 a 6 unidades de calor.
Eso es posible gracias a varios procesos físicos dentro de la bomba
de calor que aprovecha la energía del aire ambiental y lo transforma
en forma de calor.
Cuando la piscina dispone de sistemas de tratamiento electrofísico
es imprescindible que todos los elementos metálicos de los sistemas
de calefacción estén construidos en titanio.
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